Gabriel, paciente de St. Jude, con su padre

Padre e hijo vuelven a sonreír

Estos días, Gabriel se despierta por la mañana con apetito, ilusionado por el delicioso desayuno que le va a preparar su padre. “Lo que él me pida, yo le preparo,” comenta su padre. “Él me pide huevos revuletos, hot dogs, avena, hot cakes”. Ambos saborean estos momentos felices y empiezan el día con una sonrisa.

No siempre fue así.

Cuando Gabriel tenía tan solo 4 años, le empezaron a salir moretones. Preocupado, su padre lo llevó a la pediatra en su natal Puerto Rico, donde unos análisis de sangre mostraron resultados alarmantes. Fueron referidos a un oncólogo. La noticia fue lo peor que podría imaginarse un padre soltero: Gabriel sufría de leucemia.

“El doctor me hablaba y yo no lo escuchaba, yo estaba en otro lado. Yo he estado criándole desde que tenía dos años. Siempre hemos sido él y yo. En ese momento pensé que yo no le volvería a ver”, dice su padre Gabriel, quien comparte su nombre. “Somos muy apegados”.

Gabriel, hijo, comenzó un periodo difícil de hospitalizaciones. Fue tratado en un hospital en Puerto Rico, pero a los tres meses, recayó. Recibió un trasplante de médula ósea. A los seis meses, volvió a recaer. El pequeño bajó mucho de peso y no quería moverse, comer ni hablar. Esta vez, fue referido a St. Jude Children’s Research Hospital, y dejaron atrás todo lo que conocían para salvar la vida de Gabriel.

En St. Jude, su experiencia cambió por completo. “Cuando el doctor habló conmigo, me dijo que sí, que se podía recuperar”, dice Gabriel, padre. “Que te den esperanza es una cosa bien buena”.

Gabriel recibió tratamiento médico de vanguardia, incluyendo un segundo trasplante de médula ósea. También recibe terapia, y asiste a clases en la escuela de St. Jude para que no se quede atrás en sus estudios.

Durante su estadía, el padre e hijo están hospedados en Target House, las viviendas para pacientes a largo plazo, donde encontraron una comunidad de apoyo. “No estamos solos”, dice Gabriel, padre, acerca de las otras familias en Target House. “No tenemos los mismos apellidos ni los mismos genes, pero somos una familia ya”.

Por todo esto y por más, esta familia jamás recibirá una factura por parte de St. Jude.

Ahora, el cáncer de Gabriel está en remisión. Él y su padre están sintiendo algo que había sido tan ajeno: paz y felicidad. Dentro de poco, podrán volver a Puerto Rico, donde esperan los abuelos de Gabriel con brazos abiertos.

Estos días, se atreven a pensar en el futuro.

“Para mí, yo quiero que Gabriel sea un profesional”, dice Gabriel Sr. riendo. “Pero él lo que quiere ser es jugador de fútbol americano”.