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Carlitos nos cuenta su historia de valentía

Aunque es fácil olvidar cómo era la vida a los 4 años, Carlitos aún recuerda. No olvida los juegos con sus amigos, los olores de la vieja casa, su familia y ese largo viaje a los Estados Unidos que le cambió la vida.

Luego de un diagnóstico sospechoso en el Hospital Benjamin Bloom de El Salvador, su madre le explicó que estaba muy enfermo y de la noche a la mañana, empacó una maleta y llegaron a St. Jude Children’s Research Hospital en Memphis, TN.

Era el Día de las Madres en 1996 y varios médicos de St. Jude ya los esperaban en las puertas del hospital.

“Llegamos bien noche, estaba oscuro y pensé que no iba a haber nadie cuando llegáramos, pero ahí estaban los doctores”, recuerda ese mismo niño más de una década después.

Carlos fue diagnosticado con leucemia linfoblástica aguda, un cáncer agresivo que es común en la niñez. Esa misma noche, los doctores le hicieron varias pruebas y acordaron un plan de tratamientos.

Comienza la jornada en St. Jude

Una semana después, comenzó su quimioterapia y aunque el tratamiento era sumamente fuerte para un niño de su edad, Carlos dice que la experiencia le ayudó a ser más fuerte.

“Recuerdo un día que estaba completamente solo en un cuarto oscuro. La única luz venía de la televisión y comencé a escuchar algo. Cuando me fijo bien, era mi mamá llorando”, cuenta Carlos. “Yo la miré y le dije que no se preocupara, que tuviera fe. De ese momento, no sé qué paso, pero ya no tuve miedo. Todo iba a salir bien”.

Carlos no quiere acordarse de los horribles efectos secundarios causados por la quimioterapia. Las nauseas, dolores de huesos, la pérdida de su pelo, los mareos y la pérdida del gusto fueron muy duros para un niño que comenzaba a vivir. Aún así, Carlitos mantuvo su perseverancia y hoy vive para contar una historia de valentía.

 

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Ya celebra 13 años libre de cáncer.

Carlos es hoy parte del Life Study de los sobrevivientes de St. Jude. Además comenzó sus estudios universitarios y como si fuera poco, se unió a la familia de St. Jude como empleado en el área de recaudación de fondos.

Carlos sueña con que muchos niños como él tengan las mismas oportunidades que tuvo gracias a St. Jude. Quiere poner su granito de arena para hacerlo posible.

“El día que terminé mi quimioterapia, estaba tan feliz”, dice Carlos. “La gente me mira y se sorprende. No pueden creer que alguna vez estuviera tan enfermo. Yo quisiera que todos los niños del hospital tuvieran esa misma suerte”.