Pacientes de St. Jude Luis y McKendree

Pacientes adolescentes crean amistades que perduran en St. Jude

McKendree y Luis bajaron de la limosina y se detuvieron por un momento para disfrutar del escenario que observaban. El personal de St. Jude — sus doctores y enfermeras, sus terapeutas físicos y especialista de Child Life — estaba esperando en fila cerca a la alfombra roja para animar a los jóvenes.

Luis tomó de la mano a McKendree, y ellos entraron juntos al hospital.

Este evento tuvo lugar en abril del 2012, y la cafetería en St. Jude había sido transformada con la escenografía que caracteriza a La Habana. Por una noche, McKendree y Luis y todos sus amigos pudieron estar juntos en su propio baile formal en St. Jude.

Child Life hace estas actividades para ayudarnos a olvidar por un rato los tratamientos”, dice Luis. “Por una noche, tú te diviertes y te olvidas por lo que estás pasando”.

Cuando Luis le preguntó a McKendree si ella quería ser su pareja para el baile, ella dijo “si” inmediatamente. Ella estaba esperando a que él le preguntara.

A McKendree aún no le permitían tener novio, pero este evento era la excepción. Y Luis, él también era la excepción.

Luis y McKendree se conocieron en un evento social de St. Jude en diciembre del 2011 y tuvieron una conexión de inmediato. Ellos han desarrollado una amistad duradera y comparten una fe muy fuerte.

“Ellos tienen un cariño muy dulce e inocente el uno al otro que nació de algo terrible”, dice Susan, la madre de McKendree. Esto tan terrible era el cáncer.

El tratamiento para el cáncer en la tiroides de McKendree en St. Jude iba a ser rápido e intenso. El tratamiento de osteosarcoma de Luis fue lo que lo trajo a St. Jude desde su natal Honduras y duraría un año entero.

Cada vez que ellos podían, se acompañaban el uno al otro. McKendree, quien es de Tennessee, visitaba a Luis en el piso de hospitalización después de su terapia con yodos radioactivos. Ellos tocaban la guitarra, cantaban y hablaban acerca de lo que estaban pasando.

“Él ha sido su fortaleza cuando ella tiene miedo”, dice Susan.

Ellos eran parte de un grupo de jóvenes que rápidamente se convirtieron en mejores amigos. “Cuando uno de nosotros iba al hospital, nosotros enviábamos mensajes de texto a los demás para que nos reuniéramos”, dice McKendree; y a medida que se acercaba abril, ellos comenzaron a hacer la cuenta regresiva para el día del baile.

En el atardecer del día tan esperado, McKendree y sus amigos se reunieron en la residencia Target House para arreglarse el cabello, las uñas y maquillarse. Luis y sus amigos se vistieron con sus trajes. Luego, las limosinas llegaron para llevarlos al evento tan esperado.

McKendree dice que siempre recordará el baile en St. Jude como una de las noches más felices de su vida — una noche cuando las preocupaciones sobre quién tiene los mejores zapatos o el mejor peinado no son parte de la velada. “Nosotros no tenemos que preocuparnos de las personas superficiales o las críticas, porque la gente en St. Jude te ama por lo que tú eres”, dice McKendree.

En el momento en que estos jóvenes son obligados a enfrentar situaciones más difíciles que la mayoría de los adultos, el baile formal en St. Jude les permite tener una oportunidad para olvidarse del tratamiento, dar rienda suelta y celebrar la amistad, y el amor de juventud. “Nosotros bailamos y nos divertimos muchísimo”, dice Luis.

El cáncer de Luis regresó a principios de este año y él ha empezado con un protocolo de quimioterapia de 8 meses en St. Jude. Él y McKendree están más cercanos que nunca. Ella mantiene un promedio de 4.0 en la escuela, y él recientemente sacó 30 en su examen de ACT, el cual es aun más impresionante, ya que Luis no hablaba mucho inglés cuando llegó a St. Jude en el 2011. Este año, Luis y McKendree una vez más irán juntos al baile formal en St. Jude.