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    Rayo de esperanza


    Beth Elliot, Thomas Merchant

    Beth, quien recibió terapia de protones en Florida como parte de un protocolo de St. Jude, se somete a un chequeo por parte de Thomas Merchant, DO, PhD, jefe de la división de Radiooncología. “Es maravilloso que St. Jude esté construyendo su propio centro de terapia de protones”, dice Beth.

    De modo pintoresco, Beth compara su primera sesión de tratamiento con terapia de protones a mirar una escena de película de ciencia ficción desarrollándose alrededor suyo. Si bien las inmaculadas paredes blancas y el equipamiento de última generación suscitan imágenes del futuro, la tecnología pronto será una realidad en el campus de St. Jude Children's Research Hospital. Actualmente, el hospital está construyendo el único centro de terapia de protones dedicado exclusivamente al tratamiento de niños.

    Parte de un proyecto de 198 millones de dólares para mejorar las instalaciones clínicas y de laboratorio del hospital, está programando que el Centro de terapia de protones Red Frog Events de St. Jude será inaugurado en 2015.

    El nuevo centro aumentará enormemente la capacidad del hospital de realizar investigaciones que optimicen el uso de la terapia de protones en niños.

    “Estas instalaciones nos permitirán llevar a cabo ensayos importantes, a la vez que ofrecerán el respaldo que solo St. Jude puede brindar a los pacientes”, dice el Dr. Larry Kun, jefe de Ciencias radiológicas en St. Jude.

    ¿Qué es la terapia de protones?
    El uso médico de protones para el tratamiento del cáncer fue propuesto por primera vez en un ensayo publicado por el físico Robert R. Wilson, PhD, en 1946. En el plazo de una década, se estaban usando protones para tratar a pacientes con determinados tipos de cáncer. A medida que se desarrolló la tecnología, el tratamiento con terapia de protones se convirtió en una opción más viable para tratar a los pacientes con cáncer tanto adultos como pediátricos.

    La terapia de protones ofrece enormes ventajas en comparación con la tecnología de rayos X, porque es más precisa y se puede usar para administrar una dosis potencialmente más alta de radiación al tumor, con menos efectos secundarios. Al limitar la exposición a la radiación al tumor mismo, la terapia localizada reduce el riesgo de que la persona sufra efectos tóxicos en los órganos principales y desarrolle cánceres secundarios más adelante durante su vida.

    “Es maravilloso escuchar que St. Jude está construyendo su propio centro de terapia de protones”, añade Beth, quien participó en un protocolo de St. Jude que implicaba viajar a Florida para recibir tratamiento.

    Cuando Beth cursaba su segundo año de universidad, se descubrió que tenía un raro tumor cerebral conocido como craneofaringioma. Luego de seis semanas de terapia de protones diaria, que duraba de una a dos horas por vez, el tumor de Beth se redujo.

    “St. Jude le ha dado esperanza a Beth, y eso fue más de lo que cualquier otra terapia podía ofrecerle”, dijo la mamá de Beth.


    Tratamiento preciso

    El médico de Beth, el Dr. Thomas Merchant, DO, PhD, jefe de la división de Radiooncología de St. Jude, dice que la terapia de protones representa el siguiente paso lógico para el hospital, en cuanto sigue siendo líder mundial en la investigación y el tratamiento de tumores cerebrales y la radioterapia. La terapia de protones puede proporcionar altas dosis de radiación directamente a los tumores, a la vez que evita afectar los tejidos normales y reduce los efectos secundarios de la radioterapia tradicional. La principal ventaja de la terapia de protones es la capacidad de controlar su profundidad e intensidad en los tejidos. Cuanto más preciso sea el haz, más focalizada será la terapia.

    “Es muy importante que administremos tratamientos precisos a los niños, y hemos diseñado nuestro centro de modo tal que, cuando abra en 2015, tenga uno de los haces más estrechos en Estados Unidos”, dice Merchant, que realizó una gira por los principales centros de protones del mundo durante la investigación del proyecto.

    Además, Merchant pasó un año sabático en el famoso Instituto Paul Scherrer, en Suiza, para aprender más acerca del desarrollo de un programa de terapia de protones para niños con cáncer. “Estamos seguros de que esto llevará a nuestros protocolos de tratamiento al siguiente nivel”, comenta.

    Beneficio para las familias

    Los pacientes de St. Jude comenzaron a participar en ensayos clínicos de terapia de protones en 2009, a través de la relación del hospital con el Instituto de protones de University of Florida. El grupo inicial de pacientes comprendía niños de menos de 4 años de edad con tumores cerebrales, que podrían beneficiarse más de la capacidad de la terapia de protones para evitar afectar los tejidos sanos. Durante los dieciocho meses pasados, se han enviado niños de todas las edades con craneofaringioma, un tumor cerebral raro, a recibir tratamiento con terapia de protones. Las familias como los Elliott, que llegaron a St. Jude desde California, saben ya cuando llegan a Memphis que deberán realizar otro viaje para recibir tratamiento.

    “Ha sido maravilloso poder ofrecer el tratamiento a nuestros pacientes en las instalaciones de Florida, pero es un desafío enorme para las familias volver a desarraigarse”, dice la trabajadora social de St. Jude Melanie Russell. “Cuando tengamos nuestro propio centro de tratamiento aquí, será mucho más fácil para nuestras familias”.

    Una meta alcanzada

    Kun dice que el plan del hospital de construir un centro dedicado a la terapia de protones en el campus ha sido un objetivo a largo plazo. La mayoría de los haces de protones en EE. UU. usan tecnología de haz difuso para administrar protones al paciente. Este tratamiento preocupa a los médicos, porque podría administrar dosis potencialmente dañinas de radiación en zonas donde se están desarrollando órganos vitales y funciones cerebrales. El centro de St. Jude estará hecho a la medida de los niños, exclusivamente, utilizando una tecnología de escaneo de haz con punta de lápiz, con precisión milimétrica.

    “El objetivo es usar radiación con haz de protones para administrar dosis de radiación relativamente altas en áreas muy limitadas, a la vez que se evita afectar las estructuras cercanas de los alrededores que son fundamentales en el cerebro y en otras partes del cuerpo, sin aplicar dosis inferiores a la adecuada para el tumor”, explica Kun.

    Además del tratamiento de los tumores cerebrales, la nueva tecnología se usará para tratar el linfoma de Hodgkin y otros tumores sólidos tales como el sarcoma de Ewing, el neuroblastoma y el retinoblastoma. Las sesiones de tratamiento tendrán una duración de entre 20 minutos y una hora. Más de la mitad de los procedimientos requerirán que los pacientes reciban anestesia antes del tratamiento. Cada paciente será sometido a una exploración mediante MRIpara confirmar la ubicación del tumor. Luego, se colocará al paciente en una camilla de tratamiento y se trasladará a la bóveda de la terapia de protones.

    “La sala de protones se acomodará de modo tal que el paciente siempre quede a la vista del personal a través de monitores específicamente destinados para ello”, dice Kun.

    Después del tratamiento, los pacientes se someterán periódicamente a tomografías por emisión de positrones (PET) para confirmar la precisión de las dosis administradas. El centro de protones contará con terapeutas dedicados, enfermeras capacitadas y un equipo de especialistas en sedación, así como también un equipo de médicos radiólogos sumamente calificados y los ingenieros que controlan el haz.

    Con sus dos grandes bóvedas subterráneas, el Centro de terapia de protones de St. Jude necesita de un edificio más profundo de los que jamás se hayan construido en el área de Memphis. La nueva torre que albergue el centro incluirá además salas de operaciones ampliadas, una moderna Unidad de Cuidados Intensivos, el nuevo departamento de Biología informática y un centro de educación y colaboración global.

     

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