Atando lazos de por vida

Atando lazos de por vida

Como si se tratara de un trofeo o una medalla de la escuela, María recuerda cuanto quería ser reseñada en la pared de Paciente del Mes.

A pesar de su diagnóstico de leucemia mieloide crónica , no podía dejar de ser la niña competitiva de siempre, y sus médicos en St. Jude Children’s Research Hospital hacían todo lo posible por que siguiera siendo ella misma.

“Yo tenía que estar en esa pared. Siempre veía a mis amiguitos ahí y yo quería lo mismo”, recuerda María.
Su doctor se reía muchísimo cuando le preguntaba qué tenía que hacer para ser seleccionada, y nunca dejó de sorprenderlo con su picardía y perseverancia.

Comienza la jornada contra el cáncer

María había llegado a St. Jude desde San Pedro Sula, Honduras cuando apenas tenía 12 años. Su jornada comenzó un día cualquiera cuando sus padres recibieron una llamada bastante inusual de  la escuela. Su hija se había quedado profundamente dormida por dos horas en plena clase, dejando muy preocupados a compañeros y maestros.

María también había estado perdiendo peso, tenía moretones extraños y sentía algo inusual en el cuello. Ya no era la niña activa y social de siempre, y aunque nada parecía ser alarmante, sus padres decidieron hacerle unos exámenes preventivos para investigar.

“Cuando fui al hospital, la ciudad estaba desierta. Era Semana Santa y en Honduras es costumbre que todos salgan de la ciudad para disfrutar de esos días. Nosotros tuvimos que quedarnos esperando”.

Esos días fueron de puros nervios. Pero no tuvieron que esperar todo el fin de semana para saber lo que enfrentaban. Los padres de María recibieron una llamada de su médico desde la  playa. Sin mucho preámbulo y de manera bastante fría, les dijo que María sufría de leucemia y que tenía como mucho dos meses de vida si no conseguía un trasplante de médula ósea.

“No se lo esperaban. Mis padres tuvieron que dejar el cuarto donde estábamos para irse a llorar”.
Completamente devastados, los padres de María estaban dispuestos a dejarlo todo por su niña y comenzaron a buscar soluciones inmediatamente. Una amiga de la familia les habló de un hospital llamado St. Jude en Memphis y después de considerar una segunda opinión, se dieron cuenta que no había lugar como St. Jude para tratar la enfermedad.

Llegada a St. Jude

“A solo unos días del diagnóstico, el Doctor Ribeiro ya nos estaba esperando en el lobby de St. Jude”, recuerda María. “Aunque su idioma es portugués, trató de hablarle a mi madre en su poco español”.

Tomó mucho convencimiento por parte del médico y varios traductores para explicarle a su madre que St. Jude se encargaría de los gastos del tratamiento, al igual que gastos de comida, transportación y vivienda. Su papá y su hermano no tendrían que hacer un esfuerzo sobre humano por conseguir el dinero.

“En Honduras el mejor tratamiento depende mucho de cuánto puedas pagar y mi madre no podía concebir que todo fuera gratis”.

Después de pasar solo cinco días de evaluaciones en la unidad de cuidados intensivos (UCI) del hospital, María ya pudo comenzar tratamientos con quimioterapia y radiación para tratar la leucemia. Durante este proceso, su familia no dejaba de maravillarse del ambiente del hospital.

“St. Jude es un lugar donde doctores, pacientes y recaudadores de fondos comen juntos en la misma cafetería. Mis doctores y enfermeras venían personalmente a celebrar mi cumpleaños. La calidad humana es muy grande”.

Una nueva etapa

A diferencia de otros hospitales, María notó que los profesionales de St. Jude ponen mucho énfasis en el futuro del paciente más allá del tratamiento. La vida podía seguir con bastante normalidad y los niños pueden continuar con sus planes escolares y universitarios.

A pesar de su tratamiento, María no tuvo que atrasarse académicamente. Incluso, fue tan buena estudiante que se graduó de escuela superior y logró ingresar a la prestigiosa universidad de Loyola en Luisiana.  

“Cuando salí de St. Jude, siempre traté de que la gente no supiera de mi enfermedad. No quería que los demás me vieran de manera diferente porque no quería perderme de nada. Porque gracias a St. Jude, yo ya estaba bien”.

El día de su última revisión médica, María no perdió tiempo en tocar las puertas del hospital en busca de empleo. Quería convertirse en recaudadora de fondos, ya fuera en Memphis o en cualquier parte de la nación.

“Yo sé que St. Jude va a seguir siendo parte de grandes adelantos médicos para estos niños y yo quiero ser parte de eso". Al igual que cuando era niña, su perseverancia finalmente rindió frutos y hoy día dirige el equipo regional en el área de Atlanta.

agosto 2012