La historia de Bertha: Creció recibiendo tratamiento para el cáncer

Tras someterse a otro tratamiento contra el cáncer por segunda vez a los 16 años, Bertha se dio cuenta que en la música y el maquillaje tenía un escape y su forma de expresión.

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  •  3 min

Bertha

La belleza no está en el rostro; la belleza es una luz en el corazón. 
– Khalil Gibrán

La gente dice muchas cosas sobre la belleza. Está en los ojos de quien la contempla; es solo superficial. Bertha siempre ha tenido sus propias ideas sobre la belleza, y muy maduras por cierto. “Siempre he pensado que ser bonita tiene que ver con sentirme cómoda y a gusto conmigo misma”, comenta. Bertha, hermosa por dentro y por fuera, consideraba que era lo “suficientemente bonita” y no le volvió a dar mayor importancia al tema.

Pero en 2014, a medida que se acercaba su quinceañera, solo pensaba en verse radiante y glamorosa. Su vestido era de color blanco y rosado en degradé, sin tirantes. Había 200 invitados y una banda traída desde otro estado. Bertha hizo un baile sorpresa y se acercó a saludar a cada una de las mesas acompañada de una corte de siete jóvenes. Fue un gran fiestón y por una muy buena razón: Dos años atrás, Bertha había sido diagnosticada con cáncer de huesos.

Cuando tenía 13 años, un día después de la escuela, Bertha le mostró a su mamá una hinchazón que le había aparecido en la cadera. “Le pregunté si era normal y me dijo que definitivamente no. Mi mamá estaba muy preocupada”, recordó Bertha. Y los médicos que la examinaron también mostraron mucha preocupación.

Bertha tenía sarcoma de Ewing, un cáncer agresivo y extendido. Después de casi un año de tratamiento en un hospital de su ciudad, Bertha estaba libre de cáncer y comenzó a recuperar su vida de antes - volviendo a la “normalidad”, pasando más tiempo con sus amigos y participando en eventos comunitarios. El cáncer había quedado atrás, y tenía un gran futuro por delante.

Eso es lo que pensaba Bertha mientras bailaba en su quinceañera.

Pero después de dos años en remisión, Bertha comenzó a quejarse de dolor en la parte inferior de la espalda, cerca del lugar donde se había alojado el tumor, disparando una señal de alarma. Entonces, un MRI reveló una bola del tamaño de una toronja. Esta vez, Bertha fue referida a St. Jude Children’s Research Hospital.

Su primera experiencia con el cáncer no había sido sencilla. Para nada. Pero esta vez, Bertha era más grande, y ya había perdido mucho tiempo estando enferma. “A los 16, hay tantas cosas que una quiere hacer”, comentó. “Quieres ser parte de los clubes en la escuela, y empiezas a salir y a explorar el mundo un poco más.” Y entonces llega el cáncer, y vuelve a poner tu vida en pausa. Si tienes suerte, solo la pone en pausa.

Bertha

Bertha ahora no solo tenía que revivir el dolor físico del tratamiento, sino también el inevitable trauma emocional. La pérdida de su creciente independencia y la propia identidad que recién había comenzado a construir. De un día para otro, Bertha volvió a ser una paciente de cáncer.

Pero, en St. Jude, Bertha descubrió distintas maneras de expresarse que la ayudaron a seguir siendo la persona en la que se estaba convirtiendo. Una de ellas fue la música, a través del programa de terapia musical de St. Jude.

“Estaba buscando nuevas maneras de mantener mi mente ocupada y entonces descubrí que era bastante buena para la música”, comentó, con su habitual modestia.

Otra fue el maquillaje. Bertha casi no había usado maquillaje desde su quinceañera, pero en St. Jude, dijo: “Me sentía como un lienzo. Cuando eres paciente de cáncer, pierdes las cejas, el cabello y tu color. Nunca me gustó usar peluca y entonces cada vez que me maquillaba sentía que la gente, en lugar de fijarse en mi cabeza sin cabello, se fijaría en mi rostro”.

Experimentó con un maquillaje audaz “no porque sea insegura, sino para tener un poco de personalidad, y poder mostrar de algún modo quién soy por dentro”, comentó. Para elegir, mientras se sintiera vulnerable, la cara que le mostraría al mundo; y quería que fuera una cara radiante.

Bertha sigue tocando el piano, cantando e incursionando en guitarra. De hecho, está estudiando música mientras se especializa en desarrollo en la primera infancia, con la mira puesta en convertirse en especialista en Child Life. “Creo que St. Jude tiene mucho que ver con todo esto”, expresó.

Su otra forma de autoexpresión durante el tratamiento –maquillaje artístico– ahora está reservada para ocasiones especiales. El tratamiento contra el cáncer cambió la perspectiva de Bertha en cierto sentido, pero de lo que ella ya sabía, definitivamente la convenció aún más: “El aspecto físico no es importante, la belleza interior es lo que cuenta”.

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