En las palabras de Cesar

En las palabras de César

Aunque parezca un joven normal de 17 años, no lo soy. Mi nombre es César. Nací en Costa Rica en noviembre de 1994. Tengo dos padres maravillosos y sufro de un carcinoma de células transicionales. Es un tipo de cáncer sumamente raro en niños, y al momento de mi diagnóstico en el 2002, solo cinco niños en el mundo sufrían esta enfermedad.

De ahí en adelante, se me realizaron cirugías, quimioterapias y aprendí mucho en el proceso. Cambió mi vida en cada aspecto, haciéndome ver la vida de manera totalmente diferente. Sin embargo, no nos adelantemos. ¿Qué les parece si les cuento desde el principio?... el principio de una vida absolutamente maravillosa.

El 7 de octubre de 2001 el sol salió. Estaba en primer grado y recuerdo mi ansiedad por salir a disfrutar del recreo. Un grupo de amigos salimos afuera a jugar con el sistema de irrigación de agua. Nos imaginábamos que era una nave espacial y tratábamos de brincar sobre él mientras se movía. Recuerdo que estaba brincando de izquierda a derecha tratando de esquivarlo cuando de repente sentí un dolor increíble.

En ese momento, mi vida cambió completamente. 

Esa tarde, luego de horas de mucho dolor, mis padres me llevaron a la sala de emergencias pensando que me había roto un hueso. Los médicos decidieron hacerme rayos X y no encontraron nada anormal. No tenía ningún hueso roto, pero el increíble dolor seguía ahí. Los doctores entonces decidieron hacer una tomografía, y así descubrieron que tenía cáncer.

Dos días más tarde, me realizaron una cirugía para extirpar mi riñón y algo del tejido circundante. Sacaron tanto tejido que cuando me desperté hasta me sentí más liviano. Al siguiente día estaba muy mareado, pero el dolor se había ido.

Se me realizaron muchos tratamientos luego de la cirugía, incluyendo 17 cirugías posteriores y quimioterapia. Más recientemente, le agradezco mucho a St. Jude por haberme abierto sus puertas aún cuando se trataba de un cáncer muy raro. Me permitieron ser parte de sus pruebas clínicas a pesar que otras quimioterapias habían fracasado.   

Ahora reflexiono sobre mi vida y dos cosas son claras: Dios es increíble y el cáncer es lo mejor que me ha pasado.
Cualquiera diría que la quimioterapia me afecto el razonamiento. Pero seamos honestos. El cáncer sí mata a muchos cada año alrededor del mundo, pero si lo ponemos en perspectiva, soy muy afortunado dentro de mi situación.

Este cáncer es la razón de mi felicidad, no de mi tristeza. Es la razón del por qué soy como soy-un jugador apasionado de soccer que disfruta la vida al máximo. Me ha acercado a muchos amigos maravillosos y he tenido la oportunidad de tocar el corazón de muchas personas. Es mi pasado, presente y seguramente, mi futuro. Solo Dios sabe lo que me pasará esta noche, mañana o el día siguiente, pero solo algo es seguro: siempre disfrutaré de esta vida maravillosa y haré toco lo que esté en mis manos para hacer la diferencia en la vida de otros.

 

marzo 2012