Cómo un voluntario está forjando un legado de solidaridad
Inspirado por una promesa personal, este empresario convirtió la adversidad en un compromiso con la misión de St. Jude que une a su familia y moviliza a su comunidad
21 de julio de 2026 • 5 mínimo
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Cada mañana, camino al trabajo, Luis Alemañy sigue un ritual que le da sentido y rumbo a su día.
Con su madre al teléfono, rezan juntos el salmo 91 y la oración a San Judas Tadeo, patrón de las causas perdidas.
Al llegar a la oficina en Bayamón, a menos de 20 kilómetros de la capital puertorriqueña, va dispuesto a trabajar codo a codo con su equipo en una empresa que ha hecho resurgir desde las cenizas. Sin embargo, también va con la camisa puesta para apoyar como empresario las causas sociales que le dan propósito a su vida, como la de St. Jude Children's Research Hospital®.
“Si yo no comparto mis bendiciones pudiera ser que, en un momento dado, las pueda perder”, dijo Luis mientras recordaba el trayecto que le ha tocado recorrer para cumplir sus sueños.
Quienes ven su altruismo o su éxito en los negocios, difícilmente se imaginan cómo años atrás el empresario tocó fondo.
“Me quedé sin empleo por una reestructuración en la empresa donde trabajaba, y, por más que buscaba trabajo, todas las puertas se me cerraron”, dijo.
Cuando sus esperanzas empezaban a diluirse, ocurrió lo inesperado. Vivió un momento que lo reconectó con su fe y le hizo entender que no era tiempo de rendirse.
“Encontré en mi carro una estampita con la figura de San Judas Tadeo”, recordó, “y aunque no tenga idea de cómo pudo llegar hasta ahí, cambió mi perspectiva”.
Incrédulo, Luis tomó la imagen. Sintió una emoción muy profunda y, entre lágrimas, se puso a orar.
Luego, le hizo una promesa a San Judas: Si le conseguía trabajo, dedicaría parte de su vida a servir a quienes más lo necesitan.
Con esa convicción, continuó su búsqueda de trabajo y dio con una fábrica a punto de cerrar.
“El lugar estaba en un estado crítico física y financieramente. Había que escoger entre pagar a los empleados o traer la materia prima para continuar con la producción”, dijo Luis.
Pero su instinto le permitió ver el gran potencial que tenía frente a sus ojos y apostó todo el dinero que tenía en el banco para rescatar el negocio.
Ese primer año de tomar las riendas de la compañía se convirtió en un reto gigantesco para él y toda su familia.
“Sabemos que fue un año muy difícil, sobre todo sin tener un salario, por lo que llegaba a casa a trabajar hasta largas horas de la noche para intentar estabilizar la compañía”, dijo Awilda, su esposa. “Ver ese énfasis, ese esfuerzo que le ponía a su negocio hizo que nuestros hijos y yo lo admiráramos aún más”.
Awilda tampoco olvida la preocupación de su esposo por los empleados que llevaban muchos años trabajando en la compañía que apenas había adquirido.
“Me decía: “Tenemos que hacer algo para levantarla, ¿cómo ellos se van a quedar sin trabajo?”, recordó Awilda.
Así lo recuerda también Ari, uno de los empleados de Luis: “Él movió cielo, mar y tierra para poder darle otra vez el empleo a esas personas que tenían sus familias y necesitaban seguir adelante. Luis para mí es un ejemplo a seguir”.
En 2019, Ari apoyó el inicio de operaciones cuando eran apenas 13 empleados.
“Hoy ya tenemos más de 50 y seguimos contratando”, dijo Luis mientras miraba con agradecimiento y complicidad a su esposa.
En agradecimiento, y fiel a sus valores de fe, Luis le dedicó su emprendimiento a San Judas Tadeo. Incluso, optó por incluir las iniciales del santo en el nombre de la fábrica.
Sin saberlo, su promesa era similar a la que había realizado hace más de seis décadas Danny Thomas, el fundador de St. Jude Children's Research Hospital . Siendo un artista joven, hijo de migrantes en Estados Unidos, tuvo muchos altibajos en su carrera. Por eso, buscó refugio en su fe y rezó a San Judas Tadeo, pidiéndole algo muy especial: “Muéstrame mi camino en la vida y te construiré un santuario”.
Con el paso de los años, la carrera de Danny prosperó y cumplió su promesa con la construcción de un pequeño hospital que se convertiría luego en un símbolo de esperanza para los niños cuyas enfermedades solían considerarse causas perdidas. Hoy St. Jude lidera los esfuerzos a nivel mundial para entender, tratar y vencer el cáncer infantil y otras enfermedades pediátricas que amenazan la vida.
“Cuando me enteré de su promesa, sentí mucha admiración, pero no pude evitar pensar en mi propia experiencia”, dijo Luis con lágrimas de orgullo en sus ojos.
Una misión que une a la familia
En el proceso de reconstruir la empresa, Luis recuerda haber escuchado en la radio a un buen amigo que hablaba sobre su apoyo a St. Jude.
“No conocía la misión de St. Jude, pero me conmoví al saber que esos niños que atiende el hospital necesitaban ayuda, así que llamé para convertirme en Ángel de Esperanza y le pregunté luego a mi amigo cómo podía involucrarme más”, recordó Luis. “Era una misión que sea alienaba perfectamente a mi promesa y llevaba el mismo nombre del santo”.
Así, Luis y Awilda han trabajado juntos durante los últimos cinco años reclutando voluntarios para actividades a beneficio de St. Jude en Puerto Rico.
Además, Luis forma parte del comité organizador del Torneo de Golf "Fore the Kids", realizado anualmente en la isla a beneficio del hospital de investigación.
“Una de las cosas que mi mamá me inculcó fue a ayudar a todos y ahora se lo transmito a mis hijos”, dijo Luis.
El día del evento, Luis levanta a sus tres hijos a las cinco de la mañana para dirigirse juntos al campo de golf y apoyar con todos los preparativos.
“Desde chiquito se me ha enseñado que hay que dar de lo que tengo, no de lo que me sobra. Y en una misión como esta, tú puedes ver que cada granito de arena que das hace un aporte importante”, dijo Diego, el hijo mayor de Luis.
Por su parte, Luis Andrés, el más pequeño de la familia, contó cómo dedicar más de 12 horas a la actividad lo hace sentir útil. También se siente “totalmente afortunado” al saber que es parte de una causa que moviliza a tantas personas para ayudar a niños con enfermedades graves en todo el mundo.
“La misión de St. Jude nos ha llevado a unirnos más como familia, porque somos muy de ayudar al prójimo y sabemos que es una entidad donde se cumple el dicho de ‘hacer el bien sin mirar a quién’”, dijo Awilda, refiriéndose a la promesa de Danny Thomas de brindar tratamiento a niños de todas partes del mundo, sin importar su raza, religión o situación financiera.
“St. Jude ya forma parte de nuestra familia”, dijo Luis. “Quiero que así sea siempre, para seguir dando esperanza y que ese se concierta en parte de mi legado”.