El chef Bobby Marcotte apoya a St. Jude en memoria de su hija Alanna
Doce años después del fallecimiento de Alanna a causa de un osteosarcoma, su papá explica cómo ella impactó los aspectos más importantes de su vida.
20 de octubre de 2026 • 4 mínimo
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El chef Bobby Marcotte lleva tatuado en el brazo derecho un lazo dorado de concientización sobre el cáncer. Junto al símbolo puede leerse una frase especial: “Para papá, espero que te guste”.
Lo diseñó su hija mayor, Alanna, quien falleció de cáncer en 2014 a los 13 años.
Marcotte vive en New Hampshire, donde la gente a veces le pregunta sobre el tatuaje, su hija y también sobre St. Jude Children’s Research Hospital®, un lugar que para Bobby es fuente de esperanza. Sobre todo, le recuerda el propósito que hoy guía su vida.
Doce años después de la muerte de Alanna, Bobby reconoce que su hija dejó una huella imborrable en cada aspecto importante de su vida.
En 2013, su familia creó el equipo “Team PeaceLoveAlanna” para participar en la Caminata de St. Jude. Con el tiempo, el grupo se convirtió en uno de los equipos de recaudación de fondos más exitosos del país y ha logrado reunir aproximadamente 1.4 millones de dólares. La familia también organiza un torneo de golf y un recorrido en motocicleta conmemorativo, así como otras actividades que reúnen a una comunidad solidaria en honor a Alanna.
Su influencia está presente, además, en la ética de trabajo de este chef y en su dedicación a la comunidad y a su familia.
Marcotte tenía apenas 17 años cuando sostuvo a Alanna en sus brazos por primera vez en el año 2000.
"Alanna me obligó a madurar", dijo Marcotte.
Siendo apenas una recién nacida, Alanna fue diagnosticada con retinoblastoma bilateral, un tipo de cáncer que afecta ambos ojos.
Cuando era bebé, Marcotte también fue diagnosticado con dicha enfermedad, aunque apenas recuerda la cirugía en la que le extirparon el ojo izquierdo.
Al igual que su papá, Alanna recibió tratamiento en un hospital cercano a su hogar. Durante años, los estudios médicos realizados a la pequeña no mostraron evidencia de cáncer, así que la pequeña continuó disfrutando de su infancia y dedicándose a sus pasatiempos favoritos, como el dibujo.
"Tengo tatuajes con sus ilustraciones por todo el cuerpo", contó Marcotte. "Era una artista y escritora increíblemente talentosa. Y en la escuela destacaba en todo lo que hacía".
También disfrutaba mantenerse activa. Aparte de tomar clases de ballet, practicaba deportes. Marcotte incluso entrenó a su equipo de fútbol. Justamente durante un partido, Alanna se fracturó el fémur al patear el balón. Esa lesión llevó al descubrimiento de un segundo cáncer: osteosarcoma, un tipo de cáncer de hueso.
La niña volvió a tratarse en un hospital cercano a su hogar, donde recibió quimioterapia y una cirugía. Luego empezó a usar una prótesis.
Pero más de un año después de finalizar el tratamiento, el dolor en la pierna regresó.
En diciembre de 2012, la familia recibió una noticia devastadora: los médicos habían encontrado tumores cancerosos en distintas partes de su cuerpo.
Lamentablemente, las tasas de supervivencia del osteosarcoma que regresa después del tratamiento continúan siendo muy bajas. Mientras la familia evaluaba nuevas opciones de tratamientos, los doctores de Alanna la refirieron a St. Jude, ya que reunía los requisitos para participar en un estudio clínico con inmunoterapia.
Un camino de esperanza
En marzo de 2013, Alanna comenzó a recibir tratamiento en St. Jude y con él se abrieron nuevas posibilidades.
"Estaba recorriendo un camino lleno de esperanza", recordó Marcotte. "Por eso me gusta tanto que St. Jude haga tanto énfasis en la esperanza, porque te da motivos para seguir adelante".
Aunque el tratamiento pareció detener el crecimiento de algunos tumores, otros continuaron avanzando y aparecieron nuevas lesiones.
Alanna regresó a casa y continuó recibiendo atención en su hospital local mientras continuaba destacándose en la escuela.
El 22 de abril de 2014, Alanna falleció.
En medio del duelo, Marcotte se aferró a lo que mejor conocía: los restaurantes.
En 2016, empezó a destacar como chef en programas de televisión, brindándole una plataforma cada vez más amplia para hablar sobre Alanna, al tiempo que apoyaba a St. Jude.
"Era un alma extraordinaria. Y honramos su legado viviendo de la manera en que ella lo habría hecho: ayudando a los demás", dijo Marcotte.
Los recuerdos de Alanna
En la casa de los Marcotte cuelga un retrato familiar muy especial. Gracias a la edición digital, la imagen muestra una realidad que el cáncer no permitió: toda la familia reunida en un mismo lugar. En la fotografía, Alanna aparece junto a su papá, su madrastra y los dos hermanos que nacieron después de su fallecimiento.
En St. Jude, la familia ha dado el nombre de Alanna a una sala de consulta familiar donde médicos, enfermeros y trabajadores sociales se reúnen con las familias para conversar sobre diagnósticos, planes de tratamiento o resultados de estudios. También hay una habitación para pacientes dedicada a su memoria.
Marcotte está convencido de que el apoyo que su familia brinda a St. Jude ayudará a descubrir más curas.
Es una forma más en la que Alanna sigue influyendo en su vida, aparte de darle una razón para creer que, incluso después de una pérdida tan profunda, puede seguir existiendo un propósito. Que todavía puede haber esperanza.
"Alanna trajo a mi vida un optimismo que me dio sentido", dijo Marcotte. "Ver su valentía, su espíritu y su energía me convirtió en el hombre que soy hoy".