Para Oliver y Dianna Von Troll, los niños de St. Jude son parte de su familia
Esta pareja no solo hizo a St. Jude parte de su legado, sino que también se comprometió a compartir la misión con sus cientos de empleados y en la comunidad.
19 de mayo de 2026 • 5 mínimo
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Antes de que el sol termine de salir, Oliver y Dianna Von Troll ya están listos para comenzar el día. Se han puesto los zapatos deportivos y tienen las botellas de agua preparadas, mientras el aire todavía conserva ese breve momento de frescura que en el sur de Florida desaparece apenas avanza la mañana.
Por eso aprovechan ese pequeño margen para salir a caminar o ejercitarse juntos.
Es una de las muchas rutinas que comparten. Entre compromisos profesionales, proyectos empresariales y responsabilidades cotidianas, esta pareja ha aprendido a proteger esos rituales sencillos que les permiten comenzar la jornada con calma.
A menudo, entre una conversación y otra, surge un tema que se ha vuelto central en sus vidas: la misión de St. Jude Children’s Research Hospital®.
Cuando hablan de ello, no suena como una causa más entre muchas.
Oliver lo dice con naturalidad, casi como si fuera una conclusión inevitable después de años de reflexión: “Mi esposa y yo no hemos tenido hijos y hemos decidido que los niños de St. Jude son nuestros hijos”.
Ambos coinciden en que la misión solo se sostiene gracias al apoyo de toda la comunidad. Pero también tienen claro quiénes son los verdaderos protagonistas.
“Ellos son los verdaderos héroes de esta historia… los niños que se levantan y saben que tienen que enfrentarse a un tratamiento para salvar su vida, pero te dan una sonrisa al final del día”, dijo Oliver.
Para entender por qué siente una conexión tan fuerte con los niños, Oliver suele regresar mentalmente a su propia infancia.
Nació en Perú y, durante gran parte de sus primeros años, vivió con su abuela mientras su mamá trabajaba en Estados Unidos para sostener a la familia. Aquella etapa estuvo marcada por la resiliencia y por la determinación de salir adelante con lo poco que tenían.
“Tuve una niñez un poco fuerte. Teníamos qué comer y una casa donde vivir. Pero aparte de eso, no teníamos mucho; era vivir el día a día”, recordó.
El entorno que lo rodeaba era aún más difícil para muchos otros niños.
“Había muchos niños que no tenían padres… vivían en las calles”, dijo.
A Oliver, quien preside hoy una firma de construcción inmobiliaria, se le ocurrió una idea que revelaba su mentalidad emprendedora desde muy temprana edad. Su madre le enviaba juguetes desde Estados Unidos y el pequeño Oliver decidió venderlos. Con el dinero compraba otros productos para luego revenderlos en las calles.
Con el tiempo llegó incluso a organizar a otros niños para que vendieran los productos que conseguía.
“¡A los siete años yo era un empresario de Lima!”, dijo con una gran sonrisa.
Al mirar atrás, Oliver cree que esa etapa marcó profundamente su forma de ver el mundo.
“Yo creo que a veces uno nace con eso. Dios te pone algo, te pone un superpoder, y yo creo que ese es el mío”.
Ese “superpoder” lo llevó décadas después a desarrollar una empresa de construcción que hoy emplea a aproximadamente 400 trabajadores directos y más de 2,000 indirectos.
Pero cuando Oliver habla de su trabajo insiste en que el verdadero impacto no se mide únicamente en estructuras o cifras. También se mide en las personas y en la comunidad que se forma alrededor de ese trabajo.
Sania Khan Salas, vicepresidenta ejecutiva de la compañía de los Von Troll, cuenta que ese espíritu de donación también se ha convertido en parte de la cultura empresarial.
“Oliver ha querido que los empleados también sintamos esa conexión que tiene con St. Jude y nos motiva a ayudar a sus pacientes y sus familias”, dijo Sania. “Sé que, aunque dedica mucho tiempo a mantener el éxito de la empresa, lo que realmente le hace feliz es ayudar a los demás”.
Durante los últimos tres años, la empresa de construcción ha auspiciado La Caminata de cinco kilómetros de St. Jude en el condado de Broward, en Florida, involucrando a decenas de personas entre empleados que participan como voluntarios junto con sus amigos y familiares. Además, invitan a clientes y suplidores para que, año con año, superen la meta de donación. En 2025, recaudaron más de $100 mil dólares, convirtiéndose en el equipo corporativo que más recaudó a nivel nacional.
“Esa colaboración con St. Jude nos hace entender que como compañía somos parte de algo más grande, que queremos apoyar a la comunidad y que tenemos un propósito más importante que construir edificios: impactar vidas”.
Igualmente, Oliver y su empresa patrocinaron la gala previa al lanzamiento de la misión Inspiration4, un histórico vuelo espacial cuyo objetivo era recaudar 200 millones de dólares para St. Jude, una meta que se superó gracias a la generosidad de Jared Isaacman, comandante del vuelo. En 2025, Oliver vivió un momento inolvidable junto a Isaacman a bordo de un avión de combate, donde presenció una demostración real de las habilidades y el entrenamiento que impulsan las misiones de exploración espacial.
Una experiencia muy personal
Esa visión de comunidad cobró aún más significado después de una de las pruebas más duras que la pareja ha enfrentado: el diagnóstico de cáncer de Dianna.
“Cuando a mi esposa le dieron el diagnóstico de cáncer, sentí que se me paró el corazón”, recordó Oliver.
Para Dianna, la experiencia dejó claro que el cáncer no afecta únicamente al paciente, sino a toda la familia. Pensar en eso la llevó inevitablemente a imaginar a los niños que enfrentan la enfermedad junto a sus seres queridos en St. Jude.
“Se siente muy bien saber que, de alguna manera, estamos ayudando, ya que estas familias están pasando por el momento más difícil de sus vidas”, dijo.
Cuando la pareja visitó St. Jude por primera vez para conocer más de cerca su labor, la experiencia resultó aún más impactante de lo que esperaban.
Lo que más conmovió a Oliver no fue solo la magnitud del hospital, sino “el calor humano dentro de sus paredes”.
“Sentí el amor de toda la gente en el hospital, de los niños, de los doctores… todo el mundo tenía una energía que me cambió”, dijo.
A Dianna también la impresionó el área dedicada a la investigación científica y la colaboración que existe en el campus del hospital, ubicado en Memphis, Tennessee.
“Me encantó ver lo mucho que les apasiona hacer su trabajo y saber que están salvando vidas”, dijo.
St. Jude lidera los esfuerzos a nivel mundial para entender, tratar y vencer el cáncer infantil y otras enfermedades pediátricas que amenazan la vida. Además, el hospital comparte sus descubrimientos para que científicos y médicos en todo el mundo puedan usar ese conocimiento para salvar a más niños.
Conocer de primera mano ese trabajo cambió la forma en que Oliver entendía el impacto de su apoyo.
“Me di cuenta de que era mucho más que solo donar dinero, porque St. Jude va más allá de curar a un niño: hace que su familia, donde quiera que esté, sienta que tiene esperanza”.
Un legado que perdura
Con el tiempo, Oliver y Dianna descubrieron que era posible comprometerse con la misión de St. Jude a largo plazo, de una manera aún más profunda y con la mirada puesta en el futuro.
“Cuando nosotros no estemos en este mundo, ese apoyo continuará, pues hemos dejado en nuestro testamento una parte de lo que tenemos para St. Jude”, dijo Oliver. “Así no solo podemos ayudar a los niños de hoy, sino también a los niños del futuro”.
Para Dianna, haber asumido este compromiso se resume en algo muy simple.
“Oliver y yo tomamos la decisión porque no hay mejor legado que ofrecerles a estos niños la oportunidad de vivir”.