Jerry Chávez se planteó dos grandes desafíos alrededor del mundo a beneficio de St. Jude

Un papá de Los Ángeles viaja los siete continentes para recaudar un millón de dólares y enseñar a sus hijas el valor de la generosidad

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Jerry Chávez, partidario de St. Jude

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Justo antes de cumplir 40 años, Jerry Chávez sintió un llamado que ya no podía ignorar: la necesidad de enfrentarse a un desafío lo suficientemente grande como para llevarlo mucho más allá de todo lo que había intentado antes. 

Lo que no sabía entonces, en 2018, era que ese impulso lo llevaría desde su hogar en Los Ángeles a algunas de las ciudades más icónicas del planeta, desde Nueva York, Chicago y Boston hasta Berlín, Londres y Tokio.

Sin embargo, antes de reservar sus boletos de avión y empacar su ropa deportiva, tenía clara su principal motivación: sus dos hijas.

“Pensé en ellas, que tenían 15 y 11 años en aquel entonces. Quería mostrarles que, cuando uno se propone un sueño grande y trabaja con corazón, ese sueño sí se puede alcanzar”, dijo.

Jerry Chávez, partidario de St. Jude

Cuando se enteró de la competencia Abbott World Marathon Majors, que incluye seis de los maratones más importantes del mundo, Jerry sintió que había encontrado algo que unía perfectamente su deseo de superarse y la oportunidad de convertirse en un modelo para sus hijas. 

Solo había un pequeño detalle: nunca había corrido un maratón. Aun así, se comprometió a hacerlo a beneficio de St. Jude Children’s Research Hospital®. La misión del hospital lo conmovió profundamente, y descubrió en el programa St. Jude Heroes una comunidad dispuesta a correr no solo por salud o por deporte, sino por una causa que salva vidas.

A través de esta nueva meta, Jerry se propuso recaudar $ 100 mil dólares para apoyar la misión de St. Jude.

Su primer maratón fue en Nueva York, donde llegó con semanas de entrenamiento intenso y con un esguince de tobillo que había sufrido tres meses antes, una lesión que amenazó con descarrilar su esfuerzo. Pero no se desalentó en el proceso. “Fue una oportunidad increíble para conocer a personas de diferentes lugares con un corazón dispuesto a apoyar a St. Jude”, dijo. “Lo más importante para mí fue el sentido de comunidad y camaradería que viví en esa primera experiencia”.

Ese sentimiento lo impulsó a continuar. 

Entre las muchas experiencias vividas en el trayecto, hubo un momento que cambió su perspectiva. Mientras se preparaba para el maratón de Boston, tuvo la oportunidad de conocer a varios pacientes y a sus familias.

Jerry Chávez, partidario de St. Jude

“Me emocionó mucho conocer su experiencia y lo agradecidos que están con los donantes”, dijo. “Entendí que no se trataba tanto de llegar a la recta final, sino de ser parte de algo mucho más grande que yo”, dijo Jerry.

Carrera tras carrera, ciudad tras ciudad, Jerry fue completando los otros cinco maratones. Finalmente, en un periodo de siete años, logró cumplir con la meta que parecía inalcanzable cuando comenzó.

Aunque completar cada desafío suponía un gran esfuerzo físico, este padre de familia sintió que obtuvo un resultado igual de valioso en casa. Asegura haber modelado la generosidad para sus hijas, enseñándoles que la vida no se trata únicamente de logros personales o bienes materiales, sino que “hay un verdadero poder en ayudar a los demás”.

Mas adelante, ese ejemplo dio sus frutos. Por un lado, su hija menor se unió a St. Jude Leadership Society, un programa filantrópico único para que estudiantes de secundaria desarrollen sus habilidades de liderazgo y apoyen la labor de St. Jude. Por el otro lado, su hija mayor siguió los pasos de su padre y corrió un maratón a su lado en Los Ángeles. 

“Es muy emocionante, porque quería que ellas me vieran mientras cumplía ese gran objetivo”, dijo. 

Después de conquistar los seis maratones, Jerry volvió a fijar la mirada en un horizonte aún más grande: el reto de las Siete Cumbres (Seven Summits). Consiste en escalar las montañas más altas de cada uno de los siete continentes. Su meta ahora es recaudar un millón de dólares para St. Jude. En 2024 subió el monte Kilimanjaro, en África, y planea completar los otros seis recorridos en los próximos cinco años antes de cumplir los 50.

Hoy, reconoce que todavía sale de su zona de confort cada vez que se inscribe en un nuevo desafío. Pero “saber que se trata de generar donaciones para St. Jude me anima, porque es para salvar la vida de un niño”.

Y cuando le preguntan qué consejo daría a quienes quieren empezar a donar a la misión, no lo duda: “Den un salto de fe, porque el impacto que pueden tener es mucho mayor del que se imaginan”.

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