Conoce al superhéroe que nació de un dibujo infantil en St. Jude.
Aunque Fever Fighter fue creado por un paciente durante su tratamiento, la figura se convirtió en un símbolo para niños con cáncer en todo el mundo.
8 de junio de 2026 • 2 mínimo
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A Ethan Washburn siempre le han fascinado los superhéroes.
Desde pequeño, ese universo de personajes con capas, villanos y batallas épicas formaba parte de su vida cotidiana: lo compartía en juegos imaginarios con su hermano gemelo, Cooper, y en tardes de películas junto a su papá.
Esa afición se convirtió en un refugio inesperado cuando, durante su tratamiento en St. Jude Children’s Research Hospital®, Ethan comenzó a dibujar personajes animados para darle sentido a lo que estaba viviendo cuando tenía siete años en 2010.
Así nació Fever Fighter, un superhéroe de colores vivos y llamas que salen de su cabeza. En la imaginación de Ethan, era un personaje invencible, puesto que combatía aquello que durante su tratamiento representaba una amenaza constante: la fiebre. Aunque para otros niños este síntoma era algo pasajero, para él podía significar regresar al hospital. Su creación, en cambio, estaba hecha para resistir y luchar sin miedo.
En St. Jude, el villano era el cáncer, mientras que el tratamiento representaba la batalla.
En ese primer momento, el dibujo no era más que una hoja de papel con una ilustración hecha por un niño en medio de una experiencia difícil. Pero con el paso del tiempo, Fever Fighter empezó a tomar vida propia, convirtiéndose en un símbolo de valentía y resiliencia hasta ser adoptado como una figura representativa dentro de iniciativas de recaudación de fondos de St. Jude.
Años después, el personaje pasó a ser en una figura tridimensional presente en eventos y productos, incluyendo una figura de vinilo. En particular, se volvió el emblema del programa St. Jude PLAY LIVE, una comunidad global de jugadores de videojuegos y creadores de contenido que recaudan fondos para apoyar el tratamiento y la investigación contra el cáncer infantil en St. Jude.
Para Ethan y su familia, ver cómo una creación que resultó de uno de los momentos más difíciles de su vida se transformó en una herramienta para ayudar a otros niños ha sido sorprendente.
Al mirar atrás, su creador no habla del dibujo como su legado, sino como una fuerza con vida propia. “Se siente bien saber que Fever Fighter está marcando una diferencia”, dijo Ethan, quien tiene 23 años y no ha mostrado indicios de cáncer desde que terminó el tratamiento.
Ethan no se ve a sí mismo como alguien extraordinario. “Fue parte de mi infancia”, dijo.
Hoy, cuenta con un título universitario en lengua y cultura japonesas, trabaja en una guardería canina y, lo más importante, tiene una vida por delante. Sueña con ir a trabajar a Japón algún día.