Siete maratones en siete continentes en siete días
Cade Baccus aceptó el reto y lo convirtió en su misión personal para apoyar a St. Jude.
20 de enero de 2026 • 3 mínimo
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El calor y la humedad del verano de Brasil en pleno febrero fueron intensos, incluso para Cade Baccus, oriundo de Texas.
Tras completar cinco maratones, Cade no dejó que las implacables temperaturas lo detuvieran. La carrera en Fortaleza, Brasil, fue la sexta del World Marathon Challenge®, una experiencia única en su clase que incluye una serie de siete carreras en siete continentes.
Cade se comprometió a conquistar los maratones y sus casi 300 kilómetros en siete días consecutivos. No solo lo logró, sino que recaudó 75,000 dólares a beneficio de St. Jude Children’s Research Hospital®.
Por los niños de St. Jude
Cade es un hombre polifacético. Aparte de correr maratones, es pastor metodista y un músico devoto del género country. También es un esposo amoroso y un papá entregado que educa a sus hijas adolescentes en casa, ya que no asisten a la escuela tradicional. Él asume por completo el rol de maestro en su propio hogar.
En 2016, cuando Cade decidió volver a correr maratones, quiso hacerlo con un propósito. Junto a su esposa, Tara, decidieron que lo harían para apoyar una organización infantil.
Cade se inscribió en la carrera Rock ‘n’ Roll Las Vegas y se comprometió a recaudar fondos para St. Jude. La pareja organizó una fiesta que recaudó 4,500 dólares. A partir de entonces, decidieron continuar apoyando a St. Jude y su misión de descubrir las curas que salvan a los niños.
Tres años después, este padre de familia participó en el St. Jude Memphis Marathon®, una carrera que atraviesa el campus del hospital de investigación, mientras los pacientes animan a los corredores.
“Había niños que mostraban carteles de apoyo”, dijo Cade. “Lloré durante más de tres kilómetros”.
Tara también llora cada vez que cuenta esta historia. “Vale la pena salvar a estos niños”, dijo.
Cuando Cade se enteró de la oportunidad de participar en el World Marathon Challenge®, no estaba seguro de cómo reaccionaría su esposa.
Sabiendo que tendría que recaudar al menos 75,000 dólares, esperaba que Tara descartara la idea, pero ella lo respaldó por completo, segura de que su esposo podía lograrlo. “Creo que confío más en mi esposo de lo que él confía en sí mismo”, dijo Tara.
Tomó un año de trabajo arduo, pero junto a su familia, Cade recaudó el dinero necesario. Una vez que empezó a correr, las donaciones siguieron llegando, hasta alcanzar la suma de 84,000 dólares.
El reto
El primer maratón fue en la Antártida.
“Tenía una colina enorme al final y otra en la segunda mitad”, contó Cade. “Me dolían las piernas más de lo que esperaba. En ese maratón también me di cuenta de lo lento que realmente era”.
Después volaron a Ciudad del Cabo, Sudáfrica, para la siguiente carrera.
“Fue como un cambio de 12 o 14 horas entre terminar el maratón en la Antártida y correr el maratón en Ciudad del Cabo”, dijo Cade. Tras una siesta, los corredores completaron ocho vueltas en una pista de 5 kilómetros junto a la playa. “Era hermoso”, dijo Cade.
Quemado por el sol y adolorido después de las carreras iniciales, voló a Australia, donde le tocó correr durante la noche, en un circuito plano.
Al principio, el muslo derecho de Cade empezó a darle problemas, por lo que un médico que había conocido durante el desafío le sugirió que alternara entre correr y caminar cada dos minutos.
“En Australia fue cuando realmente decidí: ‘Puedo terminar esto. Va a suceder”, dijo Cade.
Él lo llama su “maratón de recuperación”.
La siguiente parada fue Asia, donde correr en Dubái resultó más difícil.
Fue otra carrera nocturna, solo que esta vez con giros y curvas que lo desorientaron, por lo que finalizó listo para recargar energías y recibió una comida inesperada.
“Fueron los mejores nuggets de pollo que he probado, y los devoré”, dijo. “No sé de dónde eran. Ojalá pudiera encontrar ese lugar. Los mandaría traer de Dubái a Texas. Eran buenísimos”.
Después, los corredores siguieron hacia Madrid, donde enfrentaron una pista con colinas en un circuito de Fórmula 1. Por primera vez sintió el apoyo de una multitud que se había reunido para animar a los corredores. “Fue un momento especial”.
La siguiente parada fue Brasil, en donde el desafío mayor sería el calor sofocante. Como había entrenado en Texas durante el invierno, no estaba acostumbrado a correr en esas condiciones de tanta humedad. Tara fue más que un apoyo moral: en esta ocasión corrió a su lado los últimos 10 kilómetros, dándole el impulso que necesitaba para llegar a la meta.
La vuelta de la victoria
Durante todo el desafío global, Cade se mantuvo conectado con los demás corredores que lo motivaban cuando su ánimo decaía.
Asimismo, documentó cada carrera en detalle en sus redes sociales.
Después de Brasil, el último vuelo los llevó a Florida para el séptima y último desafío. Cade ya tenía seis medallas, una por cada maratón.
Miami se convirtió como un cierre con broche de oro. Sus hijas estaban allí esperándolo.
Corrió de madrugada en la playa, motivado por el orgullo y la ilusión de volver a ver a los suyos. “Corrí esa carrera más rápido que cualquiera de las anteriores”, dijo.