Un compromiso nacido desde la gratitud

Tras una pérdida personal, un empresario puertorriqueño encontró una manera de retribuir, transformando una simple llamada en décadas de apoyo, liderazgo y dedicación a la misión de St. Jude.

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 Ivan Santos, colaborador de St. Jude

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Conocí sobre el trabajo de St. Jude Children's Research Hospital® en un momento extremadamente triste de mi vida.

Era el verano de 2002, solo dos semanas después de que mi mejor amigo falleciera de un cáncer esofágico.

Recuerdo ir manejando hacia la oficina, temprano, cuando escuché un radiotón a beneficio de St. Jude. Pensé: “Son niños… esto es importante”. 

 Ivan Santos, colaborador de St. Jude

Sentí algo fuerte, un impulso. 

Detuve el auto y marqué el número de teléfono que habían dado en la radio y me convertí en un Ángel de Esperanza. Desde ese día, sigo donando esos 20 dólares mensuales. Así comenzó mi relación con la misión y poco a poco fui entendiendo más sobre su labor a través de cada carta que recibía.

Ser Ángel de Esperanza me ha dado una satisfacción increíble. Mucha gente no sabe que una gran parte de lo que sostiene al hospital viene justamente de esas pequeñas donaciones mensuales. Me siento orgulloso de ser parte de ese grupo de personas que ayuda a mantener este trabajo.

Mi compromiso creció en 2010, cuando tuve la oportunidad de unirme a los esfuerzos de recaudación de fondos aquí en Puerto Rico. Los encargados me dijeron que necesitaban a alguien creativo, conectado y con corazón para ayudar a levantar la operación a nivel local. Formamos un comité de ocho o nueve ejecutivos y comenzamos a pensar cómo crear impacto real. La primera idea fue un torneo de golf. Los primeros tres años fueron difíciles, pero algo dentro de mí — el recuerdo de mi amigo y mis propios hijos, entonces pequeños — me hizo quedarme. El torneo creció hasta convertirse en uno de los más importantes de Puerto Rico, con más de 200 jugadores.

Más adelante creamos una gala con sello distinto: el “Chinchorreo Chic”, donde la gente podía ir vestida como quisiera. Quitamos la barrera del “dress code” y lo hicimos accesible y divertido, con estaciones de comida y mucha música. Funcionó tan bien que se convirtió en un referente en Puerto Rico hasta que el huracán María nos obligó a detener la actividad en 2017. 

He visitado el campus de St. Jude tres veces, y como papá, esas visitas me han marcado profundamente. Ver a los padres y saber que las familias nunca reciben una factura de St. Jude por tratamiento, transporte, hospedaje ni alimentación. Es una satisfacción enorme. Una vez conocí a uno de los investigadores del hospital, el doctor Víctor Santana, y su dedicación absoluta me inspiró a dar aún más.

A veces me canso, como todos. Pero luego pienso en lo agradecido que estoy con Dios porque mis hijos están saludables. ¿Cómo no voy a dar un poco de mi tiempo? Mi motivación es agradecimiento puro.

 Ivan Santos, colaborador de St. Jude

A quienes dudan unirse a St. Jude, les digo: Lo que uno se lleva al corazón como parte de esta misión no tiene precio. Mi compromiso con St. Jude sigue y seguirá para siempre.

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