“Siento un orgullo inmenso cuando veo el logo de St. Jude”.

Anabella Constantino combina su donación mensual como Ángel de Esperanza con su servicio como voluntaria.

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Anabella Constantino, una donante y voluntaria nacida en Argentina y residente en Florida, quien ha apoyado a St. Jude durante 20 años como Partner in Hope y voluntaria activa en eventos.

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Para Anabella Constantino, originaria de Argentina, su relación con St. Jude Children Research Hospital® comenzó a través de algo tan cotidiano como encender la televisión. Aquellas historias de pacientes que veía en los comerciales la inspiraron a donar mensualmente, convirtiéndose en un Ángel de Esperanza. Su compromiso se fortaleció luego al participar en eventos benéficos en Florida, donde ahora reside. Ese vínculo con la causa se hizo aún más profundo con el tiempo, especialmente después de ver de cerca cómo cada niño recibe atención con dignidad, cariño y compasión.

Anabella Constantino, una donante y voluntaria nacida en Argentina y residente en Florida, quien ha apoyado a St. Jude durante 20 años como Partner in Hope y voluntaria activa en eventos.

¿Cuánto llevas siendo parte de la misión de St. Jude ?

St. Jude ha formado parte de mi vida desde hace 20 años. Han sido dos décadas creyendo en que juntos podemos dar esperanza a los niños de cáncer en todo el mundo. Fue exactamente en 2005 cuando decidí convertirme en Ángel de Esperanza, lo cual me ha llenado el corazón al saber que la nuestro aporte ayuda a que se realicen investigaciones científicas y salvar más vidas de niños. Eso fue lo que realmente me movió por dentro desde el inicio y es impresionante ver cómo ha subido tanto la tasa de supervivencia por los muchos descubrimientos del equipo de St. Jude. Todo eso es posible gracias a los donantes.

¿Tienes alguna experiencia particular que te haya unido más a la misión?

Tuve la oportunidad de visitar el hospital una vez, en Memphis, Tennessee, y pude entender lo mucho que reciben los pacientes y sus familias. Verlo en persona reafirmó mi compromiso. Saber que las familias nunca reciben una factura de St. Jude por tratamiento, transporte, hospedaje ni alimentación es fundamental, y siento orgullo de aportar para que eso siga siendo posible.

Anabella Constantino, una donante y voluntaria nacida en Argentina y residente en Florida, quien ha apoyado a St. Jude durante 20 años como Partner in Hope y voluntaria activa en eventos.

Aunque yo no tengo hijos, tengo sobrinos, y siempre pienso en ellos cuando veo las historias de los niños de St. Jude en televisión. Empecé donando mensualmente, pero pronto sentí el deseo de hacer más y así fue como busqué información para también ser voluntaria en eventos de recaudación de fondos.

¿Cómo ha sido la experiencia como voluntaria?

Es una experiencia muy gratificante. Trato de colaborar en todas las actividades que se realizan aquí en el sur de Florida a beneficio del hospital. He participado desde galas hasta maratones y radiotones. Me emociona ver cómo toda la gente se entusiasma, dona y llama para colaborar, porque saben que es una misión que vale la pena ayudar. 

Por eso, siento un orgullo inmenso cuando veo el logo de St. Jude: ya sea en un comercial, un cartel o una camiseta durante las actividades, no puedo evitar sonreír y correr la voz para que más personas se unan.

¿Qué mensaje le compartes a quienes no conocen sobre la misión de St. Jude?

Empiezo contándole que todo lo que hace el hospital es para el beneficio de los niños que enfrentan el cáncer y otras enfermedades graves.

Además, les comparto mi orgullo, diciéndoles que me encanta ser parte de una misión que salva vidas gracias a la generosidad de los donantes. 

Por eso siempre invito a la gente a que se convierta en un Ángel de Esperanza para que entre todos podamos seguir salvando vidas.

 

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