Cuando cada logro cuenta
Como papá, acompañar a mi hijo después del cáncer me ha enseñado que incluso las pequeñas victorias transforman nuestras vidas.
10 de junio de 2026 • 2 mínimo
Español | English
Cuando Hender obtuvo el cinturón azul en Krav Maga, sentí un gran orgullo.
Recuerdo ese día con nostalgia, pero también con una inmensa alegría. En Krav Maga, la cinta azul es el cuarto de los seis niveles del sistema de defensa personal, así que señala un avance significativo. Alcanzarla fue un logro importante para Hender, quien practica este deporte junto a su hermano. Como papá, lo he acompañado y apoyado en sus competencias a lo largo de los años.
Hender demuestra una gran determinación y disciplina al entrenar, y me llena de felicidad ver su progreso.
Son estos momentos sencillos los que realmente dan sentido a su vida y a la nuestra.
Hender es mi primogénito y compartimos el mismo nombre. A su lado he aprendido que cada logro, por pequeño que parezca, representa una batalla ganada contra la enfermedad que enfrentó desde muy joven.
Hender fue referido a St. Jude Children's Research Hospital® tras ser diagnosticado, a los seis años, con rabdomiosarcoma, un tipo de cáncer que se desarrolla en los tejidos blandos. Cuando aparecieron los primeros síntomas en la vejiga, pensamos que se trataba de una inflamación, pero nunca imaginamos un diagnóstico tan serio.
No existen palabras para describir lo que uno siente ante una noticia de esa magnitud, y menos cuando se trata de un hijo tan pequeño. Sentí como si llevara el peso de una montaña sobre los hombros.
Cuando su pelo se caía a mechones por el tratamiento, era muy difícil para él entender lo que sucedía. Sin personarlo mucho, tomé la decisión de afeitarme la cabeza para darle apoyo y confianza. Sin que nadie se lo pidiera, su hermano Alejando también nos sorprendió haciendo lo mismo. Hender sabía que todos estamos a su lado, y eso supuso como un bálsamo emocional al que reaccionó favorablemente.
Pero St. Jude no nos dejó solos. Como papá, saber que existen profesionales tan preparados y comprometidos, que además forman parte de investigaciones científicas que salvan vidas, no tiene precio.
Hoy, Hender es un adolescente que se esfuerza cada día por ser una mejor persona.
Sueña con ser médico, como sus abuelos, y en la escuela está construyendo las bases de un futuro lleno de esperanza. Desea compartir su experiencia para ayudar a otros niños y apoyar la búsqueda de curas contra esta enfermedad.
Cuando lo miro a los ojos, me emociona ver en él valentía, nobleza y bondad. Por eso creo firmemente que he cumplido con mi labor como papá.
Es mi mayor orgullo.