Una historia de gratitud que continúa

Tras el tratamiento de su hija en St. Jude, una mamá encuentra en lo cotidiano infinitas razones para agradecer.

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Cuando Mia Valentina tenía solo 5 años, en 2018, fue diagnosticada con un tumor cerebral llamado ependimoma anaplásico.

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Cuando Mia Valentina tenía solo 5 años, en 2018, fue diagnosticada con un tumor cerebral llamado ependimoma anaplásico.

Mi hija Mía Valentina me da nuevas razones cada día para sentirme orgullosa de ella. 

Sabe cómo llenar mi vida, incluso en esos momentos en que la preadolescencia la hace saltar de la risa al mal humor en segundos. Es una aventura que a veces me pone a prueba como mamá, pero también es algo que agradezco profundamente.

Cuando Mía Valentina tenía 5 años, en 2018, la diagnosticaron con un tumor cerebral llamado ependimoma anaplásico. Fue entonces que comenzó un camino muy largo y fuerte. Mía Valentina fue operada a un mes del diagnóstico en nuestro país, Nicaragua. Sin embargo, no teníamos tratamiento específico para ella. 

La refirieron a St. Jude Children’s Research Hospital® en Memphis, Tennessee, y fue entonces cuando llegó la luz. Su tratamiento incluyó radiación de protones. 

Ella siempre estaba feliz en el hospital, a pesar de todo lo que tenía que pasar.

Regresamos a casa a inicios de 2019, con revisiones médicas cada tres meses en aquel entonces. 

A un año del primer diagnóstico, mi hija tuvo una recaída con el mismo tipo de tumor, pero en otra ubicación. Ahí comenzó la lucha de nuevo, y esta vez más difícil porque hubo mutación en sus células.

Cuando Mia Valentina tenía solo 5 años, en 2018, fue diagnosticada con un tumor cerebral llamado ependimoma anaplásico.

Nuevamente, St. Jude se convirtió en nuestra esperanza. Le realizaron cirugía y radiación de protones de nueva cuenta, pero con dosis más altas. Cuando Mía Valentina terminó sus terapias, regresamos a Nicaragua.  

Agradezco profundamente al personal y a los médicos de St. Jude, quienes, con su conocimiento e inmenso cariño, mantuvieron encendida la fe, la esperanza y, sobre todo, sus sonrisas. En medio del proceso, su entrega nos sostuvo.

Hoy, Mía Valentina lleva 6 años desde que completó su tratamiento. Está lista para pasar a la clínica para sobrevivientes de St. Jude (After Completion of Therapy Clinic). Mientras, sigue siendo una soñadora y un ejemplo de resiliencia.

Estos últimos años yo la he visto crecer como cualquier otra niña. Se graduó de la primaria con excelentes notas, por lo que la eligieron para ser una de las estudiantes abanderadas durante la graduación. Ese fue un momento muy especial para mí, para mi esposo y sus hermanas menores.

Cuando Mia Valentina tenía solo 5 años, en 2018, fue diagnosticada con un tumor cerebral llamado ependimoma anaplásico.

La secundaria le ha traído nuevos retos: rutinas distintas, nuevas amistades y estados de ánimo que aún estoy aprendiendo a descifrar. Tenemos conversaciones difíciles y otras colmadas de risa cuando hablamos sobre la vida, la adolescencia y cómo navegar las amistades o los gustitos por algún chico. 

Yo vivo cada etapa y cada día con Mía Valentina llena de gratitud. Es una gratitud que nunca se me va gracias a St. Jude. 

St. Jude sigue siendo el lugar donde la esperanza se comparte entre pacientes y todo el personal.Es una familia que a pesar de las dificultades y el dolor se mantiene a tu lado. Un lugar en donde la magia existe a pesar de las enfermedades. Es una familia tan grande que se extiende por todo el mundo y siempre está dispuesta a ayudar a cada uno de los niños para mantener ese sueño lleno de esperanza.

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