Tras el cáncer infantil, mi hija encontró su vocación en la repostería

En St. Jude, Claire descubrió en la cocina una forma de expresar amor. Ahora estamos emprendiendo un negocio juntas para compartirlo con nuestra comunidad.

diamond pattern

  •  4 mínimo

Ser paciente de cáncer en St. Jude transformó a Claire de muchas maneras, pero la más perdurable es el amor tierno que ahora siente por los demás.

Apoya a St. Jude

Español | English

Being a cancer patient at St. Jude changed Claire in many ways, but the most enduring one is the gentle love she now has for others.

Claire siempre ha sido amante de la buena comida. Cuando tenía dos años, se escabullía para probar los sabores de cada plato. Tenía un paladar muy desarrollado para su edad: prefería pan crujiente con aceite de oliva y vinagre balsámico antes que galletas saladas.

En 2018, cuando tenía ocho años y estaba bajo tratamiento en St. Jude Children’s Research Hospital® por un cáncer cerebral, una de las principales preocupaciones era su nutrición, ya que los tratamientos son muy fuertes para el estómago de los niños.

Claire perdió peso, pero logró mantenerse lo suficiente para evitar una sonda de alimentación, gracias a que en la cafetería del hospital, llamada Kay Kafe, lograban complacer sus antojos. Pedía alimentos como salmón fresco y prefería beber crema de leche en lugar de leche regular.

Le encantaba tomar mi teléfono y ver el menú del día en Kay Kafe para así planear sus comidas. Ahora, cuando regresamos para sus chequeos, hace lo mismo. ¡Dice que deberían publicar un libro de recetas!

Durante el tratamiento, Claire participó en una clase de cocina que se ofrecía mensualmente en St. Jude y pedía cambiar sus citas para no perdérsela. Aprendió a preparar tortillas de huevo y otros platos deliciosos. Fue uno de los momentos más especiales de nuestra estadía.

Ser paciente de cáncer en St. Jude transformó a Claire de muchas maneras, pero la más perdurable es el amor tierno que ahora siente por los demás.

Al regresar a casa, se inclinó más hacia los postres. Una vez que experimentó la alegría de ver a alguien disfrutar una de sus galletas, ya no hubo vuelta atrás.

Ser paciente de St. Jude cambió a Claire de muchas maneras, pero lo que más ha perdurado es su manera de entender a los demás con empatía. Tiene un corazón muy sensible y puede mirar a las personas a los ojos y darse cuenta cuando alguien está pasando por un momento difícil.

Gracias al amor y cuidado que recibió en St. Jude, está decidida a ser una de esas personas que brindan apoyo en nuestra comunidad. Además, Claire es tímida y de pocas palabras, así que al entregar sus postres encontró una forma de demostrar su cariño por los demás. 

Creó una tradición llamada “Sweet Sunday” (Domingo de postres): cada domingo después de la iglesia, prepara un postre y lo lleva a vecinos que podrían necesitar un gesto de aliento. Nada transmite tanta alegría como un plato de galletas recién horneadas.

Comenzó a hacerse conocida en nuestra comunidad hace algunos años, cuando perfeccionó el arte de los macarones. Aprendió a prepararlos con Erin, otra mamá de St. Jude que vive cerca de nosotros en Utah y que es repostera profesional. Nos conocimos en St. Jude y hoy nuestras familias son grandes amigas.

Ser paciente de cáncer en St. Jude transformó a Claire de muchas maneras, pero la más perdurable es el amor tierno que ahora siente por los demás.

Cuando Claire empezó a hacer macaron francés, un dulce de origen francés, la noticia no tardó en difundirse. Participó en una feria local de negocios infantiles y vendió más de 80 cajas. Incluso ganó el premio a “Mayor potencial”, lo que significaba que, entre más de 100 puestos, el suyo era considerado el más prometedor para convertirse algún día en un negocio real.

Ese momento cambió su forma de pensar. Empezó a visualizarse con su propia repostería, una idea que le reafirmé, al asegurarle que era totalmente posible.

Siempre me ha gustado hornear, pero lo veía principalmente como una forma de alimentar a mi familia de siete. Nunca había considerado que podría convertirlo en una forma de ingreso. Sin embargo, este enero, algo cambió también en mí. Pensé: “¿Por qué algún día? ¿Por qué no ahora?”.

Comencé a investigar las leyes locales sobre la producción de alimentos caseros y me di cuenta de que era algo que podíamos empezar juntas. No en un futuro indefinido, sino ahora. Si otras personas inician negocios, ¿por qué nosotras no?

Ser paciente de cáncer en St. Jude transformó a Claire de muchas maneras, pero la más perdurable es el amor tierno que ahora siente por los demás.

Después de enfrentar un cáncer cerebral, ya habíamos pasado por lo más difícil. Empezar un negocio, por el contrario, parecía una tarea mucho más sencilla.

Lo hablamos, y a Claire se le llenaron los ojos de lágrimas. “¿De verdad podemos hacerlo? ¿Tú y yo?”. 

Dejé de decirle que solo podía hornear ciertas veces a la semana y le di total libertad en la cocina. Empezó a preparar dos o más recetas al día, a veces pasando horas entre moldes e ingredientes.

Cuando su hermana Millie preguntó si podía unirse a nuestra aventura, sentimos que por fin estaba completo el proyecto. Han sido inseparables desde pequeñas, pasando por la enfermedad y ahora entrando en la adolescencia, y no podríamos hacerlo sin ella. Ahora las tres horneamos juntas, compartiendo ingredientes, ideas y risas cuando chocamos unas con las otras en la cocina.

Empezamos compartiendo los productos con los vecinos y pidiendo su opinión sobre los sabores y recetas. Luego comenzamos a investigar sobre posibles establecimientos.

Después de meses de trabajo, decidimos abrir el negocio desde nuestra casa para poder comenzar a vender de inmediato. Mientras, seguimos avanzando para cumplir la meta de abrir un local físico el próximo año.

Ser paciente de cáncer en St. Jude transformó a Claire de muchas maneras, pero la más perdurable es el amor tierno que ahora siente por los demás.

Yo preparo los clásicos, como los rollos de canela y el pan de masa madre. Claire, en cambio, disfruta crear postres más elaborados y especiales, como el macaron, el pastel danés o el petisú.

Claire todavía enfrenta algunos efectos secundarios del cáncer, lo que dificulta su desempeño en ciertas asignaturas escolares. Pero cuando entra a la cocina, su confianza es evidente. Se pone el delantal y entra en su mundo. Puede dividir, duplicar o incluso cuadruplicar una receta como si nada, sin darse cuenta de que está aplicando sus conocimientos en matemáticas.

Mi esposo y yo la observamos a veces, recordando todo lo que ha vivido. Es fácil sentirse triste por lo que le ocurrió y por la trayectoria que le ha tocado recorrer. Pero cuando vemos la alegría que la repostería ha traído a su vida, esa tristeza desaparece. En su lugar, sentimos una profunda gratitud de que sigue aquí y de que sigue siendo nuestra.

Ahora, a través de su ternura, su bondad y su talento, está llevando esa misma alegría a toda nuestra comunidad. 

Donar Ahora

diamond pattern