Reflexiones de una mamá de St. Jude al ver a su hijo jugar después de un cáncer cerebral

Ganar un partido no es lo importante, sino la posibilidad de seguir siendo un niño.

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Una madre de St. Jude reflexiona sobre el regalo de ver a su hijo jugar de nuevo tras superar un cáncer cerebral.

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St. Jude Children’s Research Hospital® es una bendición. Tiene un lugar muy especial en mi corazón. Cada vez que Luis Carlos y yo vamos a sus revisiones médicas, me alegro de estar allí, pero también agradezco cada vez que podemos regresar juntos a casa.

Pasamos por un momento muy difícil cuando estaba en tratamiento por un meduloblastoma, un tipo de cáncer cerebral. No sabía qué hacer. Solo miraba a los enfermeros. Temía que lo perdiéramos. 

Una madre de St. Jude reflexiona sobre el regalo de ver a su hijo jugar de nuevo tras superar un cáncer cerebral.

Pero todos en St. Jude trabajaban juntos. Le hicieron todas las pruebas y descubrieron exactamente cuál era el problema.

St. Jude me devolvió a mi hijo. Está feliz, hoy sonríe de nuevo y está saliendo adelante. Eso no tiene precio. 

Cada año participamos en la Caminata de St. Jude para retribuir todo el apoyo que recibimos.

Una madre de St. Jude reflexiona sobre el regalo de ver a su hijo jugar de nuevo tras superar un cáncer cerebral.

El año pasado fuimos por primera vez al FedEx St. Jude Championship y nos divertimos muchísimo viendo jugar a los golfistas. Desde entonces, él ha estado aprendiendo a jugar golf.

Tuve a mi hija pequeña, Nova, cuando Luis Carlos estaba en tratamiento. Por frágil que estuviera, Luis Carlos siempre quería ayudarme, aunque a veces apenas podía caminar. Siempre quería cargar el bolso de los pañales de su hermanita. Yo le decía: "No, hijo, yo me encargo".

Luis Carlos fue quien eligió el nombre de su hermana menor inspirado en las supernovas. Le encantaba la idea de que, cuando hacen explosión, estas estrellas llenan el cielo de colores brillantes y hermosos. 

Ahora, mis tres hijos están creciendo juntos. Luis Carlos tiene 15 años y está aprendiendo a conducir. Quiere apoyarme aún más con Nova, de tres años, y mi otra hija, Luna, quien tiene siete. Él es de gran ayuda con ellas; es un chico muy dulce.

Como mamá, ir a St. Jude te cambia. Te haces más consciente de que hay niños en el mundo que están sufriendo. Te vuelves un poco más sensible y paciente, recordando que debes disfrutar un poco más de la vida.

Durante el tratamiento, todo lo que Luis Carlos deseaba era volver a jugar béisbol. Pero a punto de finalizar el tratamiento, empezó a preocuparse: ¿Qué pasaría si el tratamiento terminaba y ya no sabía cómo ser un niño?

Una madre de St. Jude reflexiona sobre el regalo de ver a su hijo jugar de nuevo tras superar un cáncer cerebral.

Ahora juega en el equipo titular de su escuela como receptor. Me encanta verlo en el terreno de juego, atrapando la pelota con su guante. 

El deporte adquiere ahora un significado completamente nuevo porque no es solo "ganar, ganar, ganar". No se trata de si logras batear la pelota o si la atrapas correctamente. Se trata de poder vivir su infancia.

Antes de todo esto, yo era de las que le decía: "Mijo, tienes que hacerlo mejor. Tienes que pararte así y batear la pelota de esta manera".

Ahora, en cambio, le recuerdo: "No me importa si ganaste el partido o no, si llegaste hasta home con un batazo o si atrapaste todas las pelotas. Lo único que me hace feliz es verte ahí, en el campo de juego, disfrutando de la vida".

También le digo: "Disfruta siendo un niño. Disfruta el hecho de que lo estás dando todo, porque yo ya te vi luchar por tu vida con más fuerza de la que muchos adultos podrían tener jamás. No te preocupes por el juego. Ve y diviértete. Y eso es todo. Haz lo mejor que puedas. No me voy a enojar contigo, pero tampoco te enojes contigo mismo". 

"Has luchado las batallas más grandes de tu vida. En mis ojos, ya eres un ganador. Ya has ganado. Y si alguien tiene algo que decirte, que venga a hablar conmigo”.

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