La valentía de Charlye convirtió el miedo en esperanza
Su mamá comparte una historia de amor, fe y esperanza durante su tratamiento en St. Jude.
10 de agosto de 2026 • 2 mínimo
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¿Cómo olvidar los últimos días del mes de octubre del 2025, cuando recibimos la llamada avisándonos que nuestro pequeño bebé, Charlye, había calificado para ingresar a St. Jude Children’s Research Hospital® en Memphis, Tennessee? Alzamos los ojos al cielo dándole gracias a Dios porque escuchó nuestras súplicas. Supimos que Dios había obrado.
Nuestro pequeño Charlye ni siquiera había cumplido un año cuando le diagnosticaron retinoblastoma bilateral (cáncer en los dos ojos). Los médicos en Guatemala, donde vivimos, nos informaron que en nuestro país la única solución era la enucleación de sus ojos, es decir, extraerlos completamente.
Fue una noticia extremadamente fuerte. Como padres, no podíamos creerlo. Queríamos agotar hasta el más mínimo y último recurso. Un especialista en retina, que se había formado en St. Jude, nos contó sobre el hospital de investigación. Recibimos un referido a St. Jude. Fue una luz de esperanza.
Empaqué maletas con lágrimas en los ojos y me despedí de mi esposo y mis dos hijas. Llegamos a St. Jude un domingo en noviembre y nos recibieron muy amablemente. Nos habían coordinado incluso el traslado desde el aeropuerto hasta el hospital. Yo estaba preocupada porque no tenía dónde quedarme, pero ellos me guiaron. Nos dieron un lugar donde quedarnos mientras Charlye recibía tratamiento. Me dijeron que las familias nunca reciben una factura de St. Jude por tratamiento, transporte, hospedaje ni alimentación.
A Charlye se le hicieron todos los exámenes correspondientes. Los médicos dijeron que los tumores eran grandes. Podrían intentar salvar su ojo derecho, pero la enucleación del ojo izquierdo era inevitable.
Al escuchar esas palabras, sentí que mi corazón se aceleraba. Me dijeron, ‘su hijo puede vivir con un solo ojo, no es el primer ni último caso que vemos aquí en el hospital; lo podemos ayudar y brindarle apoyo en esta situación’”.
El día de la operación, los enfermeros y todo el personal de St. Jude me brindaron palabras de ánimo y aliento. Será algo que nunca olvidaré — la atención que me dieron en un momento tan difícil.
En St. Jude, además de la quimioterapia, Charlye recibió tratamiento con láser y crioterapia, dos métodos destinados a destruir células tumorales localizadas en su ojo derecho.
Hasta la fecha, mi bebé sigue recibiendo los tratamientos necesarios, y yo le doy gracias a Dios todos los días porque él va mejorando. Ahora lo veo sonreír y es algo inolvidable. Charlye es como otros niños de su edad, le fascinan los paseos en auto, ir al parque infantil y patear un balón de fútbol.
¡Gracias, St. Jude! Gracias porque, sin conocernos, nos trataron como familia, como a uno de los suyos. Gracias por tanto cariño, amor, respeto y por toda la responsabilidad al tratar a mi pequeño hijo.
Los ángeles sí existen, y esto me inspira a seguir luchando día tras día.
A St. Jude y sus donantes les digo: gracias por salvar vidas.