Gratitud que nos une

Un papá comparte cómo St. Jude fortaleció el vínculo con su hija.

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Las médicos le dijeron a Anika que tenía sarcoma mieloide.

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Las médicos le dijeron a Anika que tenía sarcoma mieloide.

A mi familia le encanta viajar. Por eso, durante la pandemia de COVID-19, comenzamos una tradición: visitar parques nacionales por carretera.

¡A estas alturas, nuestros dos hijos han visitado 50 parques nacionales! 

Curiosamente, uno de esos viajes por carretera nos llevó desde nuestro hogar en el Área de la Bahía, en California, a través de Memphis, Tennessee, durante el verano de 2023. Era solo otro punto en el mapa. Nunca imaginé que regresaríamos en circunstancias tan distintas, ni que terminaríamos viviendo allí durante nueve meses al año siguiente.

En noviembre de 2024, mi hija, Anika, desarrolló lo que parecía ser un orzuelo en el ojo. Le colocamos compresas calientes y esperamos un tiempo, pero la inflamación seguía empeorando. Anika tenía 12 años en aquel entonces. 

En febrero de 2025, sus médicos le indicaron más estudios y descubrieron que se trataba de un sarcoma mieloide, un tumor canceroso poco frecuente que aparece con mayor frecuencia en personas con leucemia mieloide aguda.

Unas semanas después, Anika fue aceptada en St. Jude Children’s Research Hospital® al cumplir con los criterios para un nuevo tratamiento que estaba siendo evaluado. 

Las médicos le dijeron a Anika que tenía sarcoma mieloide.

En cuestión de días, mi esposa y yo, junto con nuestros hijos, nos mudamos a Memphis.

Los primeros meses fueron duros. Recuerdo que, como científico, intentaba entenderlo todo desesperadamente y me preguntaba: “¿Qué puedo hacer para ayudar?”. Pero como padre, me sentía aún más impotente, sin saber cómo iba a responder al tratamiento ni cómo cambiarían nuestras rutinas. 

Pero debo decir que ser parte de la comunidad de St. Jude fue algo extraordinario.

Me impresionó profundamente lo cuidadoso que fue el hospital con toda nuestra familia. Sentí un enorme agradecimiento por el hospedaje que nos brindaron, el cual nos permitió, como padres, seguir trabajando de manera remota cuando lo necesitábamos. Nunca habíamos visto algo así. 

Las médicos le dijeron a Anika que tenía sarcoma mieloide.

A pesar de todo, se sentía como un lugar seguro donde podía estar en familia.

Anika también formó amistades con otros niños que estaban en tratamiento. 

Se inspiró en las historias que la rodeaban, descubriendo por qué tantas personas eligieron trabajar en St. Jude y cuán personales eran sus motivaciones.

Un momento que la marcó fue conocer a Haley Arceneaux, una sobreviviente de cáncer de St. Jude que ahora se desempeña como auxiliar médico. Haley se convirtió en la estadounidense más joven en orbitar la Tierra y en la primera sobreviviente de cáncer pediátrico en viajar al espacio. Mi hija la vio como una heroína. 

Las médicos le dijeron a Anika que tenía sarcoma mieloide.

Cuando ya no había evidencia de cáncer, mi esposa y yo comenzamos a dividir nuestro tiempo, viajando de regreso a California por períodos cortos. En las semanas en que me quedé solo en Memphis con Anika, creamos vínculos muy especiales: ir de compras juntos o comer helado en nuestro lugar favorito cerca del hospital. Fue tiempo ininterrumpido entre padre e hija, tiempo que, en cualquier otra circunstancia, quizá nunca habríamos tenido.

Esa experiencia fue muy especial. Uno no quiere que algo así suceda, pero ya que sucedió, es casi una responsabilidad aprovechar al máximo esta segunda oportunidad. 

Ahora estamos de vuelta en casa. Anika está feliz de regresar a la escuela y reencontrarse con sus amigos. Su cabello está volviendo a crecer. Y aunque al principio solo esperaba que todo esto quedara atrás, hoy me siento diferente.

Esta experiencia la cambió a ella. Me cambió a mí. Y espero que nunca olvidemos las lecciones que nos dejó. 

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